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VILLA ELISA, ENTRE RIOS
22-02-2021

Primero de Mayo recita una historia común

(Villa Elisa al Dia)

2021-02-22 11:07
(GF)Entre los secretos recónditos de una ciudad prolífica en perplejidades urbanas se encuentra sin dudas la viboreada traza del tramo ribereño de 1º de Mayo,
una calle que transitan con denuedo los que van del corazón de San Agustín hacia una promesa de fabulosa postal del Paraná y sus estaciones intermedias.
En los dos tramos que le dan forma y carácter, 1º de Mayo cuenta una parte significativa de la historia de transformación de un espacio ubicado al oeste del Antoñico que se sacó a las apuradas, desprovisto de método, la ropa del laboreo en quintas y chacras para volverse amanzanamiento residencial, refugio de sueños proletarios de resistencia y de superación.

Es también, como tantas otras calles y avenidas de la ciudad, una vía enquistada, un fluir discontinuado cuyo destino parece ser distribuir tránsito a diestra y siniestra hasta que en un recodo aciago se rinda irremediablemente ante la evidencia del final abrupto.

En efecto, 1º de Mayo empieza en la avenida Selva de Montiel, embravecido torrente comercial y de servicios. Desde ese mojón va construyendo hiladas de urbanización hacia la occidental barranca donde la nobleza y la vanidad, la perfidia y la honradez, las buenas y malas artes, se abisman después de cruzar a pie República de Siria, en medio de un amasijo de hormigón desde donde se advierten minibasurales que humean allá abajo en un laberinto vegetal que no es ciudad ni es río, con perros flacos de cambiante humor disputándole territorio a las ratas, ajenos a la majestuosidad de esa panorámica lagunera.
Sudor y lágrimas

Desde Selva de Montiel hasta Los Jacarandáes, 1º de Mayo es un viejo caminito de hormiga desde la parada del colectivo, que docentes, empleados, trabajadores y obreros convirtieron en calle de tierra para chapalear los días de lluvia. Mientras el asfalto fue llegando, en los ratos libres los cimientos levantaron muros y un puñado de vecinos dio una mano con la losa modesta, desprolija pero firme. Más tarde un medio aguinaldo sirvió para revocar y pintar de amarillito o verde claro. En tanto se embaldosaba el espacio entre la puerta de entrada a la casa y el tapial a media altura con rejita apaisada, una cuadrilla risueña plantó fresnos, en hilera, que al cabo de largos años regalan la sombra que cobija los mates mañaneros del presente.

En ese sector, la parte de las veredas revestidas o con contrapiso supera el ancho reglamentario y, así y todo, le queda generoso lugar a la gramilla tanto para deleite de los ojos como para el regocijo del bicherío nocturno y el disfrute de las mascotas.

Los comercios le dan un relieve especial a las cuadras. Parecen buscarse, en una alianza estratégica que el cliente saluda porque en una misma vueltita resuelve las compras del día y las charlas pueden seguir de un local a otro, como episodios de una telenovela o una miniserie. El colorido escaparate del almacén, la prolija pizarra de ofertas de la carnicería, las bolsas de cebollas y papas apiladas sobre cajones vacíos de fruta, promueven un espacio para la sociabilidad circunscripta, es cierto; pero necesaria si se quiere estar al día con las novedades del barrio.

En ese primer tramo, 1º de Mayo es una línea quebrada que baja hacia el río, cuya presencia se intuye pero no se ve. Su fonética a fecha patria resuena extraña, en medio de una urbanización en la que las calles honran el maridaje de árboles y aves: jacarandáes, ceibos y talas se cruzan con zorzales, tacuaras y martínpescadores.
Otros tiempos

Parece claro que hay alusiones a otra dimensión temporal de la ciudad más allá de Los Jacarandáes, hacia el oeste. Ese territorio cuenta una historia diferente, en la que los protagonistas son los barrios incrustados, con monobloques que lucen armónicos sólo en maquetas.

Hay un asunto singular. Desde Los Jacarandáes hacia el este la condición unifamiliar de las residencias sobre calle 1º de Mayo deviene en un perfil urbano en el que lo privado (la vivienda) dialoga mejor con el entorno y parece promover cierta vecindad conforme una tensión adecuadamente resuelta entre proximidades y lejanías, con resguardo del espacio de lo íntimo y del área de la convivencia social. En cambio, desde Los Jacarandáes al oeste el amanzanamiento generó una comunidad ensimismada, yuxtapuesta, en la que lo intrafamiliar y lo común se mezclan en un palimpsesto.

No en vano para caminar por los corredores existentes entre los tres sectores del barrio Paraná XVI, ordenados por el color original de sus paredes, el peatón debe tomar por la calzada porque la vereda exterior es ese camino de baldosones que va desde las entradas/salidas de cada complejo hasta el cordón.

Esta falta de vereda perimetral llega a su versión extrema en cuadras en que ese espacio común fue ocupado por cocheras que llegan hasta el cordón, evidencia clara de la emergencia de un problema no contemplado por los diseñadores, es cierto; pero también solución altamente inconveniente.
Ese último tramo, tiene otra particularidad: en un sector que luce como un centro cívico, la traza de 1º de Mayo viborea de manera inexplicable, caprichosa, antojadiza, porque, de hecho, el camino no esquiva nada relevante, en un entorno en el que además las líneas de edificación están alejadas y lo que predomina es el terreno libre.

Mientras la contemplación del engendro vial sucede, desde un carro un vendedor ambulante ofrece frutas y verduras. A su costado, un arroyo fétido busca cortar camino hacia la boca de tormenta. A metros de allí, aguarda el esplendoroso espectáculo fluvial. A sus espaldas, lo mira alejarse la zigzagueante 1º de Mayo, barrial, jornalera, buscavida.
Fuente Víctor Fleitas / vfleitas@eldiario.com.ar

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